¿Cómo educas tú a tus hijos?

No hay duda: los mejores instrumentos para educar y amar a las y los hijos son el cinturón, la chancla y la vara, además de la nalgada a tiempo. Es la conclusión de miles de madres, padres y familiares que los aplicaron y los recibieron, y de especialistas que los recomiendan. El papa Francisco dice que dos nalgadas son buenas y la corte de Nueva York, que una nalgada es un «uso razonable de la fuerza».

Para empezar, explican, un golpe con esos artefactos o con la mano no es maltrato infantil ni mucho menos violencia: es educación, disciplina, poner límites, firmeza… amor. No promueven golpizas, pues hay que saber cómo y cuándo utilizarlos; como si esos instrumentos tuvieran la etiqueta de: «Úsese con moderación». Incluso, cuentan, son más eficaces que las y los psicólogos.

Esos métodos son defendidos con vehemencia en las redes sociales a través de mensajes y memes alusivos. Las posturas son en favor de los correctivos y en su contra. Se hace a través de razonamientos basados, principalmente en la experiencia personal. (En esta columna se ha insistido sobre este tema, exponiendo los diferentes argumentos de quienes están en favor ).

Existen también innumerables sitios en los que se habla de las repercusiones del maltrato hacia niñas y niños, de las leyes de protección a la infancia, de la violencia familiar como detonadora de otras violencias, o de cómo educar sin golpes. No hay razón -sin embargo- que haga cambiar de opinión a las y los convencidos de la eficacia de esos proyectiles caseros y otras formas sofisticadas para la corrección de infantes, ni por más que hablemos del maltrato infantil, de una vida libre de violencia, de los derechos humanos o de la denuncia de padres, madres, abuelas/os u otros familiares abusadores.

Se insiste que esas leyes han sido negativas para la educación de las y los hijos: «Desde que existen los derechos humanos, existen los hijos tiranos y padres obedientes». Como si de verdad el Estado y las leyes fueran eficaces.

Hay dos elementos que llaman la atención en este acalorado debate virtual: el uso del humor y el sarcasmo, y la prueba de los buenos resultados por parte de quienes fueron educados con golpes.

A través del Facebook, en la página de El Circo, el meme «Cuenta la leyenda que gracias a este artefacto [el cinturón] muchos de ustedes no son: vagos, ni delincuentes, ni maleducados, ni malas personas», ha sido compartido 75,113 y tiene 2,296 comentarios . En tanto, en el sitio de Wereverwero se ha compartido 340,303 veces, y ha alcanzado 26,270 comentarios. También se ha replicado por Twitter y otras páginas.

El meme «Terapia utilizada antiguamente» cita al chanclazo, el cintazo y el varazo como los que enseñaban a «no decir malas palabras, respetar a los padres, no hacer cosas indebidas, no burlarse.

Con esto jamás necesitamos otra terapia y somos buena gente!!!» También están videos y memes referentes a la chancla voladora. Si no la conocimos, entonces no tuvimos infancia. O fue el primer tatuaje hecho por nuestra propia madre.

En cuanto a los testimonios publicados, la mayoría son de agradecimiento. Gracias a los golpes son «buenas personas», educadas, respetuosas, honradas, trabajadoras. «Vivan los cinturones, bofetadas, chanclas para reprender. Ojo: sin dañar ni abusar. Lo necesario y con justa razón», «Gracias a eso tengo futuro», «Siempre he amado y respetado a mis padres maravillosos que me ‘educaron’ [de esa forma]», «Nadie absolutamente nadie se trauma por un madrazo», «Mis padres me corrigieron con cinturón cada vez que lo merecí», «Los psicólogos echaron a perder la generación [de jóvenes]».

Las personas que están contentas con esa educación, también lo hacen con sus hijas/os. De hecho, uno de los efectos del maltrato infantil es considerar que la violencia es un método eficaz para educar y por eso lo replican: «El fin sí justifica el medio, nuestros padres solo buscaban nuestra mejor educación, y no lastimarnos como ‘Padres desalmados’.»

Hay pocos testimonios en los que se reconoce que los golpes recibidos en la niñez les causó daño psicológico: «Dejaron algunos tatuajes en el alma y en el cuerpo». Una persona le pega a su hija de un año de edad, porque esta les pega a otras personas y porque «no entiende». Pero no le da golpizas como se las dio su madre quien la mandó dos veces al hospital.

Otras que fueron golpeadas en la infancia no repitieron el patrón de conducta. Son las menos, al igual que quienes afirman que sus progenitores nunca les pegaron ni lo hacen con sus descendientes.

La vara es una herramienta más sofisticada. El cinturón puede ser sustituido por cables o cuerdas, y la chancla, por zapatos o escobas. La vara es el instrumento bíblico, pero también una herramienta de trabajo, un recurso natural; se usa para hacer corrales, guiar al ganado, como fuete y como bastón. Creo que los varazos se usan más en comunidades rurales, porque no encontré comentarios de personas que hayan sido corregidas con la vara.

De este recorrido electrónico que duró varios días, lo que más le preocupó a esta azorada columnista es que la nalgada a tiempo, el chanclazo o cinturonazo nunca se reconocerán como violencia, y porque los argumentos en su favor no son más que pretextos para justificarla.

Detrás de la seguridad de mujeres y hombres que defienden esos métodos está la vergüenza; por eso no solo tratan de convencer de su eficacia sino de descalificar a quienes no concuerdan con sus ideas. Detrás del agradecimiento de quienes recibieron esos golpes están el miedo, la soledad, la angustia. ¿Qué más les queda sino reírse del dolor que sintieron, de convencerse de que sí fue necesario?

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