La explotación laboral en días de crisis mundial, acentúa las desigualdades.

Por Jarco Amézcua Luna, corresponsal.

En el foro “Los desafíos de los movimientos sindicales en América Latina y el Caribe” realizado en el marco de la novena CLACSO 2022 en la CDMX, los ponentes abordaron el complejo panorama laboral que enfrentan los trabajadores del continente, en especial los que se encuentran en el margen sur del río Bravo. Dejaron en claro que el Sistema Mundo Capitalista o Neoliberal ha seguido manteniendo en los últimos 30 años una lógica de incorporar más sistemas tecnológicos al ámbito laboral con el sólo objetivo de buscar más rendimiento productivo y mayores ganancias financieras y de expansión en el menor tiempo posible; importando poco o nada las condiciones laborales de los empleados formales (con contrato), por proyecto, eventuales, independientes o por teletrabajo en casa, etc. es decir, aseguran los especialistas, que la brecha entre los poseedores de los medios de producción (empresarios) y los trabajadores se hace cada vez más amplia, y sin que las legislaciones vigentes en los países latinoamericanos puedan corregir el abuso y la explotación a los que son sometidos millones de trabajadores.

La ley laboral es prácticamente letra muerta en el 99.9% de los países del continente, en especial si estos están bajo el yugo de los intereses y condicionamientos de las empresas transnacionales. Ciertamente, apuntan algunos, hay casos de excepción en los que las empresas o empleadores son conscientes de que estancarse en modelos neoliberales de explotación (ya en decadencia) y de precarias condiciones para el empleado, a la larga, terminará por ser contraproducente para las empresas. Hoy se están rompiendo los viejos paradigmas ante una creciente crisis en el ámbito económico-financiero global, presionado por nuevos esquemas y realidades geopolíticas que se agudizan por el cambio climático creciente, las guerras selectivas impulsadas por los grupos de poder transnacionales y vinculados al eje-industrial-militar, así como por una serie de problemáticas sociales, migratorias, de salud y de rezago tecnológico que están poniendo a las sociedades del planeta en unos niveles de precarización más allá de lo imaginable. Se señaló en panel de académicos “que quienes pagarán el grueso de la factura serán las nuevas generaciones y hoy en día ya podemos ver el inicio del desastre global que se avecina sino se unen los trabajadores de América Latina y del mundo (organizaciones, sindicatos e independientes). Unirse solidariamente para pugnar por cambios sustanciales y cualitativos no sólo en el amplio y complejo sector laboral formal (en sus diversas modalidades) sino también en el de las leyes que de facto si sean aplicables y respetadas por los gobiernos en turno y por las empresas locales y transnacionales.

Se hizo énfasis por parte de los especialistas de que la precarización laboral se manifiesta de manera más grave en el sector social de género y en el de los jóvenes con estudios universitarios o sin ellos, que, para el caso, señalan, da lo mismo, pues un egresado de facultad gana igual o menos en la realidad laboral que un jov@n que tuvo pocas oportunidades de estudio. De ahí el desencanto de millones de jóven@s de Latinoamérica, y su elección por un tren de vida casi suicida, al terminar formando parte de las estructuras del crimen en sus variadas modalidades o simplemente elegir surfear la vida dopados con excesos de azucares/carbohidratos sintéticos, drogas suaves o duras y automatiesclavizarse en modo zombie con tecnología, gadgets, internet, fake news y entretenimiento chatarra.

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