La verdad sobre los efectos de los afrodisíacos naturales

Los afrodisíacos naturales se han utilizado desde la antigüedad para potenciar el deseo y mejorar las relaciones sexuales. A lo largo de la historia se han atribuido estas propiedades a innumerables sustancias vegetales y animales y ese uso milenario es, precisamente, uno de los argumentos que esgrimen quienes confían en su eficacia. Sin embargo, es bien sabido que la costumbre no es un criterio de infalibilidad. ¿Cuáles son los verdaderos efectos de estos compuestos? ¿Hay alguno que sea más eficaz que el resto?

Ginseng, guaraná o maca son algunos de los ingredientes más utilizados en las cápsulas o comprimidos que se comercializan en la actualidad como afrodisíacos. Por suerte, la mayoría de las sustancias peligrosas o que suponen una amenaza para animales o plantas en peligro de extinción (como el polvo del cuerno de rinoceronte) han sido descartadas, al menos en España y otros países.

Algunas de las que se consumen con más asiduidad son energizantes, como el ginseng, y otras, casualmente, proceden de animales o plantas con una forma muy similar a los genitales masculinos o femeninos (por ejemplo, ostras, almejas y otros bivalvos). La lista de supuestos afrodisíacos es muy extensa: canela, fresas, miel, chocolate, vitaminas, gingko, albahaca, yohimbina, abrojo, eleuterococo, mandrágora, apio, caviar, aleta de tiburón…

Qué dicen la ciencia y los sexólogos

Hay numerosos estudios científicos sobre la eficacia de los afrodisíacos, pero muy pocos -por no decir ninguno- presentan una evidencia contundente. Las revisiones que analizan los datos globales de esas investigaciones suelen concluir que algunos trabajos muestran la posible utilidad como estimulador del deseo sexual de tal o cual sustancia, pero casi siempre añaden que la metodología utilizada presenta lagunas y se requieren nuevos estudios. Eso es lo que dice la ciencia.

Los sexólogos abordan la cuestión desde otro punto de vista: la complejidad del deseo sexual, que depende de múltiples factores fisiológicos y, sobre todo, psicológicos. Ana Belén Carmona Rubio, psicóloga, sexóloga y presidenta de Lasexologia.com, se muestra tajante al considerar que “no existe ningún alimento ni fármaco que aumente el deseo sexual”. Y explica su afirmación: “Normalmente, los profesionales de la sexologia no sabemos con exactitud qué efectos tienen estos alimentos, que no dudamos que puedan ser energizantes, que produzcan bienestar… y que todo eso pueda generar predisposición a querer tener sexo, pero en general no hay alimentos o sustancias afrodisíacas como tales”.

El cuerpo y el estado físico influyen en la libido, pero “no de forma tan simple”, resalta. “El deseo tiene mucho más que ver con el aprendizaje, las vivencias, las emociones, la intimidad y las relaciones de pareja”, entre otros elementos. Por eso, de poco le servirán unas cápsulas de ginseng o maca a una persona “que no tiene deseo sexual porque nunca ha disfrutado del sexo, no ha tenido orgasmos, no le atrae su pareja o sufre una depresión”.

De hecho, se ha constatado que existe una clara relación entre el estado de ánimo y el deseo, de tal manera que, “si existe un trastorno del estado de ánimo, como depresión o ansiedad, el deseo suele quedar relegado a un plano secundario”.

Se podría argumentar que hay fármacos que sí mejoran las relaciones sexuales, como el sildenafilo (Viagra) u otros principios activos del mismo tipo. Lo que sucede es que estos medicamentos propician la erección, que no siempre va ligada a la libido. Es más, puede darse el caso de que esa erección se produzca en un momento en el que el deseo sexual es nulo.

Con la información de cuidateplus

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