¿Un güije en las Cuevas de Bellamar?

La Habana Cuba.- Hace unos cinco años, cuando visité Matanzas para entrevistar a Ercilio Vento, historiador de esa ciudad y autor de un libro sobre las Cuevas de Bellamar, entre otros muchos, fui sorprendido por un rumor que se estaba transmitiendo de boca en boca y de celular en celular en toda la provincia de Matanzas: un güije, o sea, un negrito diminuto y escurridizo, cabezón, con gruesos labios, ojos saltones y el pelo revuelto, que siempre anda desnudo o cubierto de bejucos, había sido fotografiado en la mencionada caverna. El hecho se produce, según me precisa el director de la librería situada no lejos del Parque de la Libertad, cuando un joven galán posa para su novia, recluida luego en un hospital «por sufrir un ataque de nervios».

La tremenda mentira, digna rival de las correrías de don Manuel Santos Parga, el descubridor y fundador del centro de recreación más antiguo que se conserva en la Isla, movería a la risa, si no fuera porque, junto al fotomontaje del güije, alterado en un setenta y ocho por ciento, viaja también la falsa noticia del cierre indefinido de las Cuevas de Bellamar «para evitar males mayores», la cual, obviamente, es una puñalada trasera contra ese ícono de la cultura provincial y nacional.

Preocupado por las magnitudes del escándalo, Arnaldo Mirabal Hernández publica en Girón, el 8 de mayo de 2014, el artículo «¿Un güije en las Cuevas de Bellamar?», en el cual Esteban Rubén Grau, presidente del Comité Espeleológico de Matanzas y veterano estudioso del Sistema Cavernario Bellamar, aclara, medio en serio y medio en broma, que en ese emblemático sitio solo habitan microscópicos insectos y camaroncitos de segunda. Hasta aquí. Incluso, nunca se ha visto dentro de ella a ningún perro, como se observa en otra fotografía de libre tránsito en la población (más falsa que la propaganda cigarrera).

Como parte de la campaña que se organiza en el territorio matancero para combatir a los bromistas que juegan con la credulidad de la gente, varios ciudadanos con vocación de etnólogos lamentan el uso del güije para tal relajo, pues este personaje, figura legendaria de la cultura afrocaribeña y oriundo del centro y oriente del país, además de asustar a los viajeros, según murmuran algunos, ha sido vinculado por muchos escritores y artistas con la defensa de las plantas y animales (se le ve frecuentemente en historietas, series infantiles y películas).

De todas formas, contra ese portento natural que es Bellamar ni los güijes pueden dar bofetones. Allí, dibujada en sus paredes, está la memoria de todos los que han mantenido a las cuevas tan grandes como la diseñaron los espíritus de la madre naturaleza. En la actualidad, no aparece en su antesala casi ninguna referencia sobre la vida de don Manuel Santos Parga, el patriarca de las cuevas. Lástima. El gallego se merece, por lo menos, una tarja de recordación.

FUENTE: CUBASI

Orlando Carrió

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