Los Benny

La Habana Cuba.- Rafael González y Rafael Semanat, Los Benny, dos morenos fogosos y llenos de canas, son unas figuras importantes del Casco Histórico habanero en los inicios de los 2000. Y conste que el mérito no es gratuito: con sus trajes de guardarropía, sombreros de abolengo, tabacones humeantes, emblemáticas corbatas, flores en el ojal, chalecos de colores, zapatos de dos tonos e infaltables bastones le rinden un simpático homenaje al Benny Moré, y de paso, le muestran a los visitantes los secretos del son, el chachachá, la rumba o el bolero para hacerlos vivir el encanto de unos tiempos eternos.

El primero de los protagonistas de nuestra historia, baila desde muy joven. Su padre, un frutero muy pobre, acostumbraba poner música altalos domingos para atormentar al vecindario y, entre botellas de ron y broncas de solar, le enseña los primeros pasos. Luego, a los seis o siete años, conoce a Benny Moré durante una de sus actuaciones frente al Capitolio y, casi sin darse cuenta, queda cautivo de las carrozas carnavalescas y del fuego de cintura de las comparsas de negros.

Con dichos avales, este maestro jubilado se aparece, un día, en la renovada Plaza de la Catedral de los noventa y reta, en duelo de marginales, a Juan Parole, antiguo marino mercante, quien, al final, lo escoge como pareja con el propósito de rememorar al Sonero Mayor y a su Banda Gigante. Por supuesto, el éxito del dúo es inmediato y en unión de la Gitana de la Habana, Juana la Cubana, Pillo Chocolate y estos personajes populares se dan a la tarea de darle nuevos aires a la piedra dura y eterna de la Habana Vieja.

Cuando me tropecé a Rafael González en 2007 en el restaurante El Patio, a un costado de la Catedral, me comentó con un entusiasmo capaz de reírse de cualquier desgracia:

«Vivo en Calabazar y desde que salgo de mi casa todos tienen la vista sobre mí. Es más, cuando voy a coger la guagua no paran de gritarme: ¡El Benny!, ¡El Benny!… Junto a mi compañero, me muevo, casi a diario, por los alrededores de los bares donde hay grupos musicales para gozar y divertir un rato. Nuestro deber es recordar al Bárbaro del Ritmo, al compositor de “Qué bueno baila usted”, un tema inolvidable.

«Los turistas nos siguen por ser folclóricos y los cubanos nos admiran por estar siempre vestidos así, en diciembre o agosto; con un frío cobardón o un calor insoportable. Expertos de China… Rusia… España… nos han hecho vídeos y también han salido fotos nuestras en revistas y diarios de diversas partes. A veces, hacemos modelaje de época, manejando carros antiquísimos y eso…

«Además de nuestro respeto por el Benny Moré, reivindicamos la manera de vestir elegante de los años pasados, la cual se opone a los atuendos tan ligeros de estos días. ¡Basta ya de afear las calles con el short, la camiseta y las chancletas de ocasión! El Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal, se preocupa, tiene luz larga, gracias a él estamos recordando lo bueno, lo rico…».

Tras la muerte de Parole, Rafael González forma una gentil mancuerna con su tocayo Rafael Semanat, un mulato hijo de la sandunga del trópico y hablador hasta en el sueño:

«Soy un pintor retirado nativo de San Luis, en la antigua provincia Oriente, y vivo en La Habana hace una pila de años junto a tres hijas y nietos —me indicó rotundo—. Aquí, en la Catedral me pidieron que me pusiera un traje del Benny y me alegré muchísimo. Él es un mito, una gloria para todas las generaciones, para la historia. Todo me resultó fácil, porque siempre he sido un gran bailador de casino: iba a Santiago de las Vegas… a La Quintica… y «echaba un pie» con las orquestas de Neno González, Pancho el Bravo y Estrellas Cubanas.

«Según cierta gente, nuestras imitaciones son un acto de demencia senil o una manía de viejos muertos de aburrimiento. Lástima que los amargados no entiendan el valor de la música de antaño y del baile callejero. ¡Ellos se lo pierden!».

Rafael González, fallece hace unos años con las canciones de su ídolo a flor de labios, pero Rafael Semanat ha seguido taladrando duro los adoquines capitalinos y en compañía, a ratos, de Wilky Arencibia, el Caballero del Son, trata de enseñar a bailar son a los amigos que nos visitan, quienes al marcharse esconden en sus maletas las camisas mojadas por el sudor del esfuerzo y la pachanga.

Redacción: Orlando Carrió/Cubasi

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